En busca de la razón y felicidad

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Por Dear Mister

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Hace muchos años que no visito Puerto Vallarta. Como quiera, pasé mucho tiempo ahí. Recuerdo muy bien una escultura del malecón que llevaba por título “en busca de la razón”, de Sergio Bustamantes. Supongo y espero que permanezca ahí junto al mar. Lo que claramente continúa es la búsqueda del ser humano por la razón.

 

Cuando yo veía la escultura- y vaya que la visitaba frecuentemente, sentía que la búsqueda era para encontrar una razón específica para ser feliz. Es probable que mi sentir hacia la obra haya sido por mi situación emocional en ese momento, un momento de dudas y vicisitudes. Yo sí estaba en busca de la razón por la cual ser feliz.

Pasó un montón de tiempo,  elegí un montón de decisiones, mi búsqueda se amplió a un espectro que en aquel momento junto al mar jamás habría imaginado.

La complejidad de la vida es una cuestión meramente subjetiva, ya obedece a cuestiones muy personales como el carácter y el temperamento. Mi vida, a mi parecer, ha tenido una justa complejidad, la cual me ha permitido forjar una personalidad, por lo regular, alegre. Yo me considero un hombre feliz.  –Cabe notar cómo ‘alegre’ y ‘feliz’, muchas veces van de la mano y no, no son lo mismo.

Alegría es una emoción que puede producirse por muchos factores que en éste momento no cabe la pena mencionar. Felicidad en cambio es una actitud que los seres humanos permitimos tener cuando nos creemos merecedores de ella. Es justo en el punto del mérito donde usualmente entramos en conflicto.

Así iniciamos la búsqueda de la razón para ser feliz. Para algunos o algunas puede ser una pareja, procrear o formar una familia o para otros u otras quizá sea la realización profesional, la independencia económica o la fama. Pueden llegar a ser cosas más banales como un coche, ropa de diseñador o un departamentazo en una zona top de la ciudad. Sin duda, en mi opinión, todo lo anterior puede resultar un factor importante para una vida exitosa, pero no necesariamente feliz.

Cuántas veces no han visto a alguien que trabaja por lograr algo y al conseguirlo, tiene una emoción de alegría, confundida con felicidad, que no es duradera. El drama es sin duda el enemigo de la felicidad y el aliado permanente de las conversaciones con los amigos. Vivimos contando o escuchando anécdotas dramáticas. Claro que también contamos logros y alegrías pero, en la generalidad de la población, algo pasa. Nada de lo que seamos responsables, sólo pasa. ¡Error! Nosotros somos responsables de generar lo que requerimos en nuestro espacio. Las cosas no suceden solas, algo hicimos, alguna decisión tomamos para estar en donde sea que estamos.

Nuestra circunstancia es un reflejo de nuestros pensamientos y nuestras acciones. No nos pasan cosas, nosotros las generamos. La forma en la que estructuramos nuestras ideas definen nuestros actos. Y así vamos perdiendo la felicidad, atribuyéndola a cuestiones externas como si fuera un regalo de algún ser divino que decidió iluminarnos una mañana de “felicidad”.

He aquí el gran secreto para ser feliz: decide ser feliz. No hay más complejidad en el tema. No hay remedios, no hay oraciones, no hay nada en el mundo que te dé la felicidad. La felicidad es una actitud y no un cúmulo de circunstancias. Ser feliz es ser responsable, es ser agradecido, es amarte y todo lo que te rodea. Lo he dicho antes, el amor es lo más maravilloso que tenemos como humanos. El amor hacia nosotros y hacia los demás, hacia lo que hacemos cada mañana al despertar, ahí están los cachitos de felicidad. Tú decides si te pones de malas y mientas madres porque se ponchó una llanta, o si lo tomas como un obstáculo a superar para llegar al mejor día de tu vida. Alguna vez un muy buen amigo me dijo: “estos son los mejores tiempos”. Y tiene razón, estos son los mejores tiempos y será así aunque el tiempo pasa si tú lo permites. Si te dejas ser feliz, si te dejas ser amado, si te permites vivir en plenitud.

No me malinterpreten. Esto no se trata de unirte a los optimistas. Se trata de invitarlos a ver la vida de manera responsable haciéndote cargo de tu propia felicidad. Compartiéndola y compartiéndote con tu entorno. Cada vez que algo “pase”, elige seguir adelante. Deja ir pensamientos y sentimientos que no construyen, no te obsesiones con razones innecesarias por las que algo no fue. Es lo que tienes enfrente. Eres lo que decidas. Todo es posible con un ligero cambio de switch. Si no funciona, para, analiza (y no te pases), y busca el “como sí”.

Habrá días en los que te pongas de malas, habrá momentos tristes, tendrás quizá una mala racha, pero todo es cuestión de recalibrarte y salir con la mejor cara. Construir tu mejor actitud. Elegir ser feliz.

Suena fácil y no lo es, pero si lo trabajas poco a poco es muy posible. Haz de tu vida un estilo de vida feliz. No te quejes, agradece. No te burles, ayuda.

Cuándo todo falla para mi hay tres cosas infalibles:

Un día soleado, un globo rojo y un helado.

Si tienes un arranque de ira pon música que te haga bailar. Canta a la menor provocación. Juega aunque estés trabajando. Enamórate de ti.

Elige lo que te apasiona y no lo que te conviene. Usa shorts o faldas en días soleados. Rodéate de gente positiva que te ayude a crecer. Confía más y siempre, siempre da más.

Te prometo que todo lo necesario para ser feliz ya lo tienes dentro.