Nacionalismo

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Yo no soy particularmente sensible. Nunca me han ofendido las bromas que puedan hacerme por ser mexicano; como tampoco pretendo ofender a nadie cuando hago comentarios graciosos sobre clichés de otras culturas. Sin embargo, los mexicanos como sociedad tendemos a ser extremadamente alterables a comentarios internacionales.

Escucha aquí el podcast de nacionalismo:

 

 

Voy de acuerdo que existen casos donde, en efecto, hemos recibido ofensas y comentarios mal intencionados. Y en esos casos por supuesto exhorto a los mexicanos a reaccionar. Con lo que no estoy de acuerdo es con armar desmadres en redes sociales, ser injustamente críticos con los de extranjeros cuando nosotros mismos vivimos insultándonos y trabajando día a día para tener un país lleno de violencia verbal. ¿Cuántas veces al día nos referimos a otro mexicano como “naco” o “güey”? El tan sonado “puto” en los estadios es cosa de cada partido de soccer.

Aún así, un comentario racista entre amigos se interpreta como ofensa internacional por ser dicho en una ceremonia de premiación. Me refiero al caso específico de Sean Penn en la última entrega de los Oscares. Vamos, Penn e Iñárritu son muy amigos desde el 2002. No es para tanto. Se notaba el gusto del actor al entregar el premio. No saquemos las cosas de proporción. Entiendo, si es en casa es menos leve, pero eso no le quita lo racista a nuestra propia cultura. Eso no libra el uso ofensivo que tenemos del lenguaje diario.

 

Aprovechando que hoy es el día de la bandera quiero hablar un poco sobre el nacionalismo y como, en mi opinión, en México tenemos un mal entendimiento sobre el término. Nacionalismo por definición es la doctrina que exalta en todos los órdenes la personalidad nacional. Básicamente es una enseñanza de lo que significa ser mexicano.

¿A dónde voy con esto? Bien, estamos muy acostumbrados a decir: Viva México cabrones. Vivimos orgullosos de ser mexicanos de dientes para fuera.

Creo que debido a diferentes etapas históricas hemos ido interpretando el nacionalismo como una defensa hacia la crítica internacional. Todos nos sentimos orgullosos de la comida mexicana, del tequila y el mariachi, pero cuando se cuestiona el honor mexicano tenemos poco que discutir y entonces peleamos.

La personalidad nacional no sólo involucra lo bueno del país, también habla de las área de oportunidad que tenemos como nación. Encontramos entonces un tema delicado. Tenemos que ser autocríticos y eso nos cuesta trabajo. Todos sabemos que vivimos en un país corrupto, donde la impunidad es cosa de todos los días. Tenemos un gobierno que poco atiende las necesidades del pueblo mexicano y que últimamente ha sido evidenciado como un sistema político fallido. ¿Qué estamos haciendo al respecto?

 

Me queda claro que se han organizado movimientos nacionales como marchas y campañas en redes sociales. Sin embargo, no entiendo bien los objetivos claros y medibles del impacto que puedan llegar a tener. La ciudad vive una infesta de manifestaciones que detienen el comercio y lastiman a los habitantes. ¿Qué hemos logrado con esto?

No somos una sociedad organizada y seguimos pensando en primera instancia en el beneficio personal o de pocos, cuando deberíamos enfocarnos en grandes logros para la mayoría. No se vale que critiquemos de racistas a los gringos cuando nosotros no proveemos las necesidades básicas de nuestra gente por lo que tienen que irse de mojados al otro lado.

Nos quejamos del salario mínimo y aún así pagamos lo mínimo a la gente que nos ayuda en casa. Aceptamos trabajos con políticas laborales precarias por la necesidad de conseguir un sustento, pero no cuestionamos nunca a las compañías que nos emplean para mejorarlas. Utilizamos los sindicatos como defensa y no como un organismo que impulse el trabajo bien remunerado. No conocemos lo mínimo de política pública y no llevamos nuestras quejas donde deberían estar. ¡Caray! ¿Cuántos saben quién es su representante en la cámara de diputados? Y a pesar de todo, si alguien le dice bigotonas a las mexicanas, ¡uy! Que ofensa.

 

Pongamos la atención donde debe estar. Centremos nuestros esfuerzos en nosotros. En ser mejores mexicanos, en ser buenos ciudadanos, en promover unión social que logre resultados palpables. Si les molesta un comentario racista, no sean racistas. Si nos molesta que nos critiquen busquemos la forma de ser una sociedad ejemplar. Japón no recibe esa clase de comentarios. ¿Dónde ha quedado el honor mexicano? Vivimos viendo cómo chingarnos al otro. Nos pasamos los altos, no respetamos las señales de tránsito ni los semáforos. Causamos caos vial por no esperar a cruzar aunque esté el verde y sea evidente que no vamos a avanzar. Nos metemos a fuerza en las filas del tráfico para entrar o salir antes de los carriles centrales en grandes avenidas.

Criticamos a los comerciantes ambulantes pero compramos piratería. Ofendemos a los indios, a los nacos, a los gatos, a los pobres, a la prole. Los gordos, los morenos y los feos son bromas de todos los días. Los Godínez son la base de miles de chistes. Los falsos enfermos circulan por la ciudad pidiendo dinero. Perdimos toda la fe en la honestidad. Los de provincia critican a los chilangos y los chilangos se sienten superiores a la provincia. Pero “Who gave this son of a bitch a greencard” nos ofende hasta la médula. Seamos honestos, hemos dicho cosas mucho peores hacia mexicanos y hacia extranjeros. ¿Cuántas veces no han insultado a un argentino?

 

No señores y señoras, vamos a entender el nacionalismo por lo que es. Vamos a ser mexicanos completos y tener la humildad para aceptar que no somos perfectos. Que nuestras acciones diarias nos han puesto en un lugar vulnerable para la crítica internacional. Me queda claro la gravedad del racismo en Estados Unidos contra los latinos, pero no es menos grave lo que hacemos aquí en México con las minorías. La forma en la que se hace referencia a los judíos, a los homosexuales, a las mujeres y a todo aquel que no cumpla con un estándar absurdo de belleza, que ni siquiera aplica al común denominador de la población, porque no vemos la belleza de nuestra raza si no se acerca en algo a la belleza aria.

 

Le ha costado mucho trabajo a mexicanos como Iñárritu volverse una personalidad internacional como para quitar la atención de su premio y volverlo algo negativo por una broma entre amigos. Y, para ser muy franco, ¿cuántos no criticaron al director por no hablar bien inglés? No seamos hipócritas.

Si no les late como tratan a los mexicanos en Estados Unidos dejen de ir de shopping. Dejen de sentirse muy mamones por usar Abercrombie. Olviden las despedidas en Las Vegas. Dejen de broncearse en Miami. No vivan inmersos en el American Dream. Acepten que son mexicanos y siéntanse orgullosos de serlo. Pero más que eso, actúen por construir un país mejor con lo que pueden hacer. Involúcrense en la vida política, tengan opiniones propias, sean propositivos- si van a criticar algo propongan una solución. Manejen de acuerdo a las reglas de tránsito, sean buenos peatones, busquen el beneficio social y dense cuenta que lo que hacen afecta a la comunidad. Paguen mejor a sus empleados, exijan prestaciones laborales, no den mordidas, no hagan tranzas. No ofendan a los demás mexicanos, sean honestos con los turistas, sean incluyentes con los extranjeros.

Si queremos tanto a México, si buscamos se nacionalistas, que sea de corazón. Con acciones, no con palabras.

Gracias por leerme. Por favor háganme saber sus dudas, aclaraciones o comentarios a @MrBeltranypuga. Me dará harto gusto saber de ustedes.

Escucha Dear Mister todos los martes a las 4:00 p.m. por www.radioclick.com.mx