La lucha constante por la verdadera igualdad

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Por Charbelí Ramos Chávez

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Definitivamente, un signo de evolución sociocultural es el reconocimiento legal de la diversidad. En este mundo en que se nos pide destacar, resulta irónico que, por tanto tiempo, se nos exigiera que tuviéramos preferencias estándares, que viviéramos reprimidos en tanto nuestra condición de mujeres, negros, indígenas, homosexuales, y tantas otras etiquetas que no son más que accidentes y no esencia.

Para los capitalinos, el matrimonio homosexual no es asunto nuevo. El Distrito Federal, junto con Coahuila y Quintana Roo, ha avalado la igualdad entre las parejas heterosexuales y homosexuales; sin embargo, fue hasta 2015 que la Suprema Corte de Justicia de la Nación dictaminara como anticonstitucional la exclusión de matrimonio de las parejas homosexuales.

¿Por qué es anticonstitucional? De acuerdo con la Suprema Corte, la finalidad del matrimonio no es la procreación, como establecieron organismos normativos de diferentes entidades, sino la “protección de la familia como realidad social”. Y qué mejor ejemplo de la realidad social actual que la equidad. De pronto parece que nos olvidamos de que la orientación sexual es un derecho cuyo reconocimiento costó la lucha de miles de personas a lo largo de muchas décadas. Con la decisión de la Suprema Corte empiezan a abrirse las puertas pesadas de los prejuicios que la sociedad mexicana, junto con otras en el mundo, conservan.

Si bien es cierto que, en virtud de la autonomía de las entidades federativas, los estados pueden regular el matrimonio a partir de sus propias leyes, el primer paso a nivel federal está dado. Quizá los jueces sigan, por un tiempo, haciendo difícil la vida homosexual en pareja en tanto el reconocimiento de sus derechos, lo cual no deja de ser indignante, escabroso y arcaico; sin embargo, el activismo en favor de la igualdad de derechos y el poder adquisitivo de una parte importante del sector en cuestión son condiciones que no pueden dejarse de lado.

Por ahora, tal como lo indicó Perseo Quiroz Rendón, director ejecutivo de la organización Amnistía Internacional en México, para El Universal, es necesario “que en los códigos civiles locales se reconozca el matrimonio entre personas del mismo sexo.”

El camino es todavía largo. La cobertura en los medios, limitada. Sin embargo, los cimientos ya están puestos y, con ellos, nuestra sociedad plural está más cerca del total reconocimiento.