Mexicanos de corazón

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Uno de los días de fiesta más intensos en la República Mexicana es sin duda el día de hoy, 15 de septiembre, aniversario de la independencia de México. Para serles muy franco, éste año pensé mucho si quería celebrar en grande al país. Con el dólar arriba de los 17 pesos, la política abiertamente corrupta del gobierno federal, la privatización del petróleo, el narco dominando el país, los 43 normalistas aun desaparecidos y un sinfín más de horrores nacionales.

Sin embargo, ayer fui a cenar con algunos amigos de la universidad y me di cuenta que México es muchísimo más que lo jodido; y más allá de eso, que mi forma de pensar al no celebrar lo que merece festejo, invalida la capacidad real que tenemos como mexicanos para sobrevivir, para pelear por la patria y para generar un cambio. Por eso, hoy voy a celebrar la fe. La fe en los mexicanos de corazón. En nosotros los que no damos “mordida”, los que respetamos al peatón y las señales de tránsito, los que votamos, los que no vemos Televisa, los que creamos opiniones propias y sobre todo, los que día a día buscamos un mejor futuro para el país.

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El sentido de comunidad en México se guarda para las grandes catástrofes. El terremoto del 85 fue prueba fehaciente de ello. Pero qué pasa el resto del tiempo, ¿dónde queda la comunidad mexicana? La hermandad nacional. Se trata de vivir en conjunto, de buscar el bien social, de entender que somos unos mismo. Desde el viene-viene hasta el presidente. Somos un crisol cultural grandioso y eso debemos valorarlo. No todo es corrupción, mentiras e impuntualidad. No todo es tequila y la Virgencita de Guadalupe. México es mucho más, y es mucho más por su gente.

Somos el país de Sor Juana y también de Carlos Slim. Somos el país de los muralistas y cuna de tres premios nobel (Octavio Paz, literatura; Mario Molina, química; Alfonso García Robles, paz). Somos el país cuya gastronomía es considerada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco; y además, tenemos la variedad más extensa de pan dulce en el planeta. Somos uno de los 12 países megadiversos del mundo con alrededor de 200 000 especies de animales diferentes, 12 000 de ellas especies endémicas. México es hogar del 10 al 12 por ciento de la biodiversidad mundial. Somos el principal destino turístico de América Latina y el decimoquinto país más visitado del mundo según la Organización Mundial del Turismo; con 32 sitios culturales o naturales considerados por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Somos la música Agustín Lara, José Alfredo Jiménez y el mariachi. Somos los privilegiados dueños del Caribe mexicano. Somos la cultura del color, de la unidad familiar y del taco.

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Tenemos mucho por lo que sentirnos orgullosos, pero sobre todo, tenemos mucho porque trabajar. Mi idea es trabajar por México y su gente. Entendernos como sociedad y coordinar esfuerzos para resaltar lo extraordinario que tenemos.

No importa si un imbécil republicano estadounidense nos llama criminales y violadores, lo que importa es el clasismo con el que nosotros discriminamos a nuestros hermanos mexicanos. Se trata de romper los esquemas nefastos que nos han llevado a lo vivir lo que no nos gusta, reforzando en lo que somos buenos; lo que hacemos de corazón. Nadie en el mundo es tan abierto y cálido para con los extranjeros. Pocas culturas en el mundo son tan alegres como los mexicanos. Los buenos modales y la sensibilidad nacional son características únicas y merecedoras de preservación. Somos el país del “por favor” y “gracias”.

Yo creo en los mexicanos honestos, en los que se parten la madre por su familia, en los que más que amigos son compadres, en los que no mienten, en los que quieren a su comunidad, en los que no tiran basura en la calle y en los que se responsabilizan de lo que les corresponde como ciudadanos. Está en cada uno de nosotros llevar el país a otro nivel, informándonos sobre política, conociendo a tu representante, votando, haciendo lo que corresponde, levantando la voz con acciones, no solo palabras y quejas. Pagándole mejor a tus empleados sin importar el salario mínimo. Ahí radica el cambio. En la conducta diaria, en lo que sí puedes hacer para contribuir al desarrollo social. A veces es tan simple como ver a un indigente a los ojos antes de negarle o darle una moneda. Hay mucho que cada uno puede hacer en su círculo, pequeñas acciones que suman a la diferencia. Dejar el “es que todos lo hacen”, “es más fácil”, “écheme la mano”, por el “yo no soy así”, “es correcto”, “cómo te apoyo”.

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Seamos mexicanos de corazón, no solo habitantes de la república. Nos toca ser agentes de cambio, el país que queremos esta en nuestras manos y en nuestras acciones.

¡Viva México, mexicanos!