Dear Mister / De las Etiquetas

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Etiquetas

Por Dear Mister

Atravesamos una época peculiar en el tiempo. Hoy más que nunca cada persona busca destacar, ser diferente. Esto, por consecuencia, ha logrado una ola de personalización donde los productos y servicios cada vez son más específicos dentro de lo permitido por la producción en serie. Se fomenta la individualidad como forma de vida.

Sin embargo, como humanos somos seres sociales. Desde los tiempos prehistóricos hemos vivido en comunidades con gustos afines. Antes era usual heredar oficios y era poco probable elevar la condición social. La gente se rodeaba de personas con su mismo estatus, era básicamente un sistema de castas. Hoy en cambio, todo es posible.

Nos hemos ido por la tangente donde todos somos especiales. Desde mi generación hasta la que nace en éste tiempo, hemos sido criados con la idea específica de que somos únicos e irrepetibles y eso le da un valor adicional a cada quien, e impulsa el egoísmo a un nivel casi imperceptible pero más presente que nunca. Todos somos príncipes y princesas y merecemos, por lo tanto, lo mejor que la vida pueda ofrecer. Eso sí, cada quien con lo que le gusta, con lo que le parece correcto y, por supuesto, con lo que más le conviene. Así, se van creando redes de personas con peculiaridades similares, con rasgos “únicos” pero compartidos y estilos de vida que se contraponen en creencias básicas.

Dentro de todo el caos social aparente, dentro de la individualidad y el ser especiales, el hombre sigue buscando la forma moderna de crear comunidades. Nacen entonces las etiquetas. Nombres para los prejuicios y banderas para las identidades. Hoy tenemos nerds, hipsters, mirreyes, metrosexuales, lumbersexuales, cholos, fresas entre otros y comunidades minoritarias en busca de reconocimiento como la LGBTTTIQ y las y los feministas. Esto solo por mencionar algunos. Todo en pro de ser diversos, diferentes y únicos. Cada tribu o comunidad tiene sus lugares geográficos delimitados y nunca aceptarían que copian, o toman prestados, rasgos de las demás. No sería cool.

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De cualquier manera los índices del, tan sonado, bullying van en aumento. Desde chavitos y hasta los primeros años de la carrera el ser diferente sigue siendo sinónimo de bulleable. No es una cuestión de orgullo, no es algo evidentemente positivo. Y hasta a esto se le intenta dar la vuelta. Programas como Glee o The Big BangTheory buscan promover los anti-cool como súper trendy y, en apariencia, ha funcionado. Al menos los “losers” o los “nerds” tienen con quién identificarse dentro de la ola mediática que provoca e incentiva el maltrato a las minorías. Y díganme si no, son los medios quienes estampan los estereotipos, y los medios mexicanos en específico están plagados de ellos. Todos los actores y actrices de Televisa parece que han pasado por el quirófano, tienen cuerpos esculpidos por el ejercicio y algunos aditamentos, y las minorías son presentadas como clichés al igual que los personajes de servicio.

Seguimos con una tendencia irrealmente malinchista donde se enaltece la belleza aria y el sueño americano como un estilo de vida nacional replicable.

Las etiquetas dominan el vocabulario y son herramienta de maltrato y desunión social. No hay una cuestión de respeto, se ataca para ganar, para sentirse superior y eso en sí es una hueva. Los productos artesanales, todo lo orgánico, un estilo de vida sano y el deporte han estado a la alza, como una forma de valorar la vida. Los cuerpos súper trabajados por el ejercicio, la ingesta moderada de alimentos gordos, las extensiones para pelo o pestañas; lo “natural” y lo bello se pierde en la definición. Antes habría sido inconcebible presumir un cuerpo escultural, la pancita y las carnes flácidas hacían honor a un estilo de vida aristocrático y sedentario donde trabajar era mal visto.

No digo que sea algo negativo cuidar del cuerpo. Lo que me parece reprochable es la crítica para quienes no lo hacen o para quienes tienen rasgos físicos diferentes al común denominador de GQ o Vogue. Claro, ahora para “dignificar” la pancita, se a creado una nueva etiqueta: fofisano (o dadbod, mezcla de las palabras Dad- papá y Body- cuerpo, en inglés). Hacer referencia a los hombres que combinan un estilo de vida chelero y un cuerpo levemente ejercitado. Ojo, ¡esto nada más aplica en hombres! Mala onda con las chicas quienes no tienen permitido subir unos kilitos. No vaya a ser que su macho ya no las quiera. ¡Patrañas!

Entonces, si eres hombre y tienes pancita ya esta cool, no te mates en el gym y olvida la cerveza light. Y, en teoría, esto es más atractivo para las mujeres por una lista de razones, francamente irrisoria. Por ejemplo, no se sienten intimidadas o eclipsadas por su güey. Y aunque él sí puede pedir que mantengan la línea, no importa.

Por otro lado llegan los Muppies. Gente que busca una vida sana y puede hacer muchas cosas a la vez. Inmersos en la tecnología buscan éxito laboral por la satisfacción personal de lograrlo y no tanto por una buena remuneración económica. El término engloba a jóvenes entre 25 y 35 años y se forja de la unión de millenial y yuppie. Hablan diferentes idiomas, tienen una educación de nivel universitario en adelante y viven pegados al teléfono inteligente y las redes sociales. Su experiencia profesional pasa por bloggers, DJ’s o modelos y crean sus propias empresas o proyectos.

Reconozco las aspiraciones por crear un estilo de vida sano y tener un trabajo que sea satisfactorio. Pero creo que es momento de parar con las etiquetas y reconocernos como comunidad. Como país, con una sociedad multicultural y tomar las diferencias como fortalezas y como posibilidades de aprender algo nuevo. Respetando los intereses particulares y promoviendo el bien común. No tiene caso vivir peleando por un estilo de vida dominante. Por el contrario, es desgastante y no suma.

Yo en cambio los invito a no quedarse estancados en la individualidad, a trabajar por conocer lo que la vida ofrece y a darse la oportunidad de interactuar con gente diferente a ti mismo. El mundo es increíblemente vasto, cuando te cierras a lo desconocido, cuando tienes miedo a lo diferente te pierdes de crear y conocer grandes personas o formular opiniones propias fundamentadas en el conocimiento general.

Olvidemos los términos y enfoquémonos en las personas. Vivamos felices con lo que somos, de cuerpo y mente. Es en serio, la gente feliz no tiene tiempo de estar chingando.

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